Lunes a viernes de 10.00 a 14.00 y de 16.30 a 20.30. Sábados de 10.00 a 14.00.
ENVÍOS 24-48 HORAS (Agencia transporte)
Cada palabra contiene en su alma una información que va mucho más allá de su significante y significado. Puedes encontrar, por poco que te pares a mirarla, a sentirla y estudiarla con cuidado, el ADN de nuestra cultura, de nuestra manera de ver el mundo y de relacionarnos con él.
“Leer” es una palabra con una etimología muy interesante y que a menudo pasa desapercibida incluso a los estudiosos, quizás por su uso común, quizás porque hoy en día el latín, la cultura clásica que es la base de nuestra civilización, no está de moda . “Leer” proviene de la palabra latina "legere", que a su tiempo está relacionada con la griega “λέγειν” (légein). Ambas palabras significan el mismo: seleccionar, recolectar o enumerar. Los antiguos griegos y latinos consideraban que leer era la acción de elegir palabras de un texto para entenderlo. Implicaba, por eso, una actitud activa del sujeto. El lector no solo ejercía el papel de receptor (como pueden hacer los modernos televidentes), sino que, al contrario, el acto de leer implicaba tomar decisiones, transformar el texto escrito en conocimiento a través de la selección de palabras. Por eso cada lector hace una lectura propia, porque cada individuo elige, su procesamiento cognitivo de aquello que está leyendo, es decir, seleccionando.
Pero aquí no acaba la fascinante etimología de esta palabra. Para los antiguos hablantes latinos la palabra “leer” estaba íntimamente emparentada, a modo de sinónimo prácticamente, con “lignum”, que significa “aquello que se selecciona y recolecta para hacer fuego”, es decir, el que nosotros denominamos “leña”.
Leer es, por lo tanto, seleccionar la leña que mantendrá vive el fuego de nuestro conocimiento. El fuego, que siempre ha significado para las civilizaciones mediterráneas como la nuestra el saber, la cultura, la luz frente a la oscuridad.
Leer es alimentar ese fuego interior, el único que nos puede proporcionar la libertad, puesto que, como decían los filósofos, la libertad es poder elegir y para poder hacerlo hacen falta diferentes opciones y un sentido crítico de la vida. Elegir, libertad, leer: palabras hermanadas.
En invierno, muchos de los hogares de nuestro país se hacía, y todavía se hace, la recolección y selección de leña, en previsión de la bajada de las temperaturas y el esperado aumento de las precipitaciones y la humedad.
De igual manera para nosotros ahora es tiempo de seleccionar qué “leña”, qué libros, tenemos que preparar para mantener vive nuestro fuego del conocimiento, el mismo que nos calienta, ilumina y acompaña a los días cortos y las largas noches del invierno.
La compañera Isabel nos ofrece una serie de recomendaciones especiales:
"El barman del Ritz" escrito por el autor francés Philippe Collin y editado por Galaxia Gutenberg.
"Cinco meses de invierno" de James Kestrel editada por Salamandra.
"El aniversario" de Andrea Bajani editada por Anagrama.
No puedo dejar de pensar en ella. La novela nos habla de una manera dura y sin concesiones sobre la violencia intrafamiliar y la dura decisión de dejar de formar parte de dicha familia que debe tomar un miembro de ésta si quiere tener un futuro libre de traumas. Me llamó mucho la atención el hecho de que los personajes principales no tienen nombre propio: el padre, la madre, la hermana. Retrata de una manera clara y dolorosa cuales son los sentimientos de una madre de familia invisible, infravalorada, humillada y maltratada durante toda su vida y como la inacción de la madre afecta de manera directa a los sentimientos que despierta en su hijo esa relación de pareja de la que ha sido testigo desde que tiene uso de razón. Tiene un lenguaje contundente durante toda la novela con pasajes angustiosos donde narra con hábil destreza y sutileza episodios de la vida cotidiana de esta familia que consiguen generar sentimientos contradictorios en el lector. Una novela de las que se quedan un tiempo dentro del lector y le invitan a reflexionar. ¡No os la perdáis!.