«Los hombres esperan de las diversas religiones la respuesta a los enigmas recónditos de la condición humana, que hoy como ayer conmueven ¡ntimamente su corazón: ?Qué es el hombre? ?Cuál es el sentido y el fin de nuestra vida? ?Qué es el bien y qué el pecado? ?Cuál es el origen y el fin del dolor? ?Cuál es el camino para conseguir la verdadera felicidad? ?Qué es la muerte, el juicio y cuál la retribución después de la muerte? ?Cuál es, finalmente, aquel último e inefable misterio que envuelve nuestra existencia, del cual procedemos y hacia el cual nos dirigimos? Ya desde la antigüedad y hasta nuestros d¡as se encuentra en los diversos pueblos una cierta percepción de aquella fuerza misteriosa que se halla presente en la marcha de las cosas y en los acontecimientos de la vida humana y, a veces, también el conocimiento de la suma divinidad e incluso del Padre. Esta percepción y conocimiento penetra toda su vida con un ¡ntimo sentido religioso. Las religiones, al tomar contacto con el progreso de la cultura, se esfuerzan por responder a dichos problemas con nociones más precisas y con lenguaje más elaborado»