Escasean aquellas obras que se convierten en un clásico perdurable. Esta es una de ellas.Es verdad que entre la sociedad humana y la co¡mu¡nidad eclesial ha existido siempre un intercambio de movimientos, una interacción exuberante entre culturas y creencias. Esta convergencia no siempre se ha mostrado amable y enriquecedora para el in¡dividuo y la comunidad, sino que ha explosionado en estallidos sangrientos de intolerancias humanas. Nuestros d¡as son aún ejemplo de progreso ecu¡mé¡nico y de fundamentalismo intransigente. La lectura de la Historia de la Iglesia nos permitirá una fecunda reflexión histórica de estos avatares.