LÓPEZ VÁZQUEZ, BELÉN / ULECIA RODRÍGUEZ, ENRIQUE
El escenario
El cambio climático representa un desafío para Iberdrola, que necesita invertir en la resiliencia de sus instalaciones para asegurar un suministro continuo y seguro de energía. Las emisiones de gases de efecto invernadero, principalmente de la quema de combustibles fósiles, son responsables junto a otros factores del calentamiento global. Además, el aumento de las temperaturas podría llevar a la intensificación de
eventos como son las sequías prolongadas, inundaciones, huracanes y olas de calor, que tienen consecuencias directas en la pérdida de biodiversidad y un impacto directo en la salud pública, generando a su vez desigualdades sociales.
La legislación europea en materia de sostenibilidad, cambio climático y gobernanza corporativa ha evolucionado en los últimos años con un enfoque más riguroso. La taxonomía de la UE y el Green Deal Europeo son ejemplos de cómo se impulsa la transición energética hacia modelos más sostenibles. Iberdrola, como una de las compañías más grandes del sector energético en Europa, está sujeta a regulaciones que requieren la alineación de su estrategia empresarial con los principios de sostenibilidad ambiental y social.
Como consecuencia, Iberdrola se enfrenta a un reto global: liderar la transición hacia energías renovables sin comprometer su gestión ética, reconocida de forma global.4 En un contexto donde la sostenibilidad y la responsabilidad social corporativa (RSC) son cada vez más importantes, Iberdrola debe equilibrar sus objetivos de crecimiento con su compromiso social y medioambiental. Además, a medida que el entorno regulatorio en Europa se hace más estricto y se incrementan las demandas de sostenibilidad, Iberdrola debe gestionar con eficacia su negocio a la vez que cumple con las expectativas de sus principales stakeholders. Adicionalmente, ha de enfrentarse a la gestión de un complejo panorama ético mientras mantiene su competitividad en el mercado global.