En la prosa de Tito Livio quedó cifrada para siempre la legendaria historia de Roma. Pese a la admiración que siempre le profesó el emperador Augusto, nunca perdió su fe republicana. De la ludicez de sus escritos da buena cuanta que fueran Dante y Petrarca, tan decisivos para la historia espiritual de Occidente, quienes rescataran su obra de la tiniebla medieval. La dimensión legendaria y, por tanto, mítica de la historia de Livio no oculta lo que tiene, como todos los mitos que de verdad merecen ese nombre, de enseñanza intemporal. Las peripecias de Rómulo y Remo, su acogimiento en los senos de una loba, el rapto de las sabinas o el reinado de Numa no son meras narracciones entretenidas: son la forma en que ciertas verdades de la vida política se desvelan. El legendario origen de Roma, fijado para la eternidad por Tito Livio, conmociona aún hoy nuestro espíritu.